13 de octubre de 2026
El Porfiado

Alberto Ades y los tres “temas tabú” del plan Milei

13 de octubre de 2026 · 7 min de lectura
Alberto Ades y los tres “temas tabú” del plan Milei

En la última semana de septiembre, la misión del FMI que pasó por Buenos Aires, encabezada por la economista Joyce Wong, dejó un mensaje claro en conversaciones que mantuvo con colegas locales: en los próximos meses, el Banco Central debe comprar muchas más reservas de las que adquirió en agosto y septiembre.

Por dos motivos. Primero, el Gobierno perdió la oportunidad de colocar deuda en el mercado internacional cuando el riesgo país rondaba los 400 puntos. Desde entonces, se adelantó la incertidumbre electoral, pero al mismo tiempo el panorama financiero mundial se nubló. Hoy el riesgo país se ubica más cerca de 600 puntos, mientras que la tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos subió casi 90 puntos.

Además, se cerró el mercado local de deuda en dólares: “el AO29 rinde 11,8% contra MEP, unos 325 pbs por encima de donde operaba la última vez que lo emitieron en el mercado primario. Es decir, de momento el soberano seguirá sin financiarse en dólares, en un contexto en el que los depósitos en u$s del Tesoro en BCRA bajaron a u$s 1177 millones”, dice la consultora 1816.

En segundo lugar, con el mercado financiero clausurado, los funcionarios del FMI creen que la presión sobre las reservas del Banco Central el año próximo será doble: para cubrir el bache de dólares por los vencimientos de deuda y para enfrentar la típica dolarización electoral.

El programa financiero presentado el 6 de julio pasado, cuando el riesgo país tocaba 408 puntos y el BCRA compraba reservas a un ritmo superior a los u$s 100 millones diarios, se preveía que el Tesoro emitiera bonos en dólares en el mercado local por u$s 5000 millones y que el Tesoro le comprara otros u$s 5000 millones al BCRA.

Además, se suponía que el Tesoro dejaría un colchón de depósitos por u$s 3700 millones. Pasaron cosas. Ahora, en Washington inquieta que al Tesoro le falten unos u$s 12.500 millones que presionarían sobre las reservas, que deberían acumularse a su vez para enfrentar la segura corrida electoral.

Casualmente, o no, desde que partió la misión del FMI de Buenos Aires, el Banco Central aceleró la compra de reservas. Desde el 28 de septiembre y en lo que va de octubre, las compras corren a un ritmo de u$s 63 millones diarios.

En septiembre, fueron apenas u$s 12 millones diarios (el menor ritmo del año), y en agosto unos u$s 38 millones diarios (el segundo menor). Como ironiza un broker de Wall Street reformulando una sentencia atribuida a Churchill sobre los norteamericanos: “Siempre se puede confiar en que el equipo de Caputo hará lo correcto, después de haber agotado todas las demás alternativas”.

En lo que va del año, el BCRA compró casi u$s 15.000 millones, pero unos u$s 7000 millones se los vendió al Tesoro para que este afrontara vencimientos de la deuda.

Como ya se planteó en otras oportunidades en esta columna, el Gobierno enfrentaba en 2026 un trilema: comprar las reservas que no había adquirido en 2025, profundizar la desinflación, e impulsar simultáneamente la recuperación económica, tras el frenazo del crédito y la actividad que provocó la corrida cambiaria.

El presupuesto 2026 proyectaba que este año la economía crecería 5%, que la inflación sería 10% y el equipo económico había manifestado que el BCRA compraría u$s 17.000 millones. Tras la elección de octubre, en privado, los funcionarios confiaban en que el crecimiento se acercaría a lo que decía el Presupuesto y que la inflación rondaría el 20%.

El REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado) del BCRA pronosticaba en diciembre pasado un crecimiento del 3,5% con una inflación del 20%. El último REM ajustó la proyección de crecimiento para este año a 1,5% (1,2% el top 10 de las consultoras), con una inflación del 30%.

Del trilema original, Milei y Caputo priorizaron desde un principio la compra de reservas y la desinflación, muy presionada en el arranque del año por la disparada del precio del petróleo por la guerra en Irán. La monetización de la economía con los pesos que emitió el BCRA para comprar dólares nunca se concretó, porque la confianza de los argentinos en el peso no se restauró tras la elección, y la compra de dólares volvió rápidamente a niveles elevados.

En agosto y septiembre (este último mes, en base a información de bancos), la compra de dólares de los argentinos se estacionó en unos u$s 2700 millones mensuales. Un tercio se destina a pagos con tarjeta en dólares, un tercio se va al colchón/cajas de seguridad y un tercio queda en sistema en cuentas en dólares.

Son dólares que quitan recursos a la inversión y el consumo domésticos de la mayor parte de la economía que funciona en pesos. Solo parcialmente los depósitos en dólares fondean préstamos a exportadores y deuda corporativa de los sectores de la economía que funcionan en dólares (energía, minería, cerealeras) y están volando.

Caputo se la pasa haciendo cuentas para demostrar que el riesgo de otra mega corrida cambiaria el año próximo es acotado. Mientras, se turnan con Milei para describir la magnitud de la “bazuca” de dólares que preparan contra los que desconfíen del peso: antes eran u$s 75.000 millones, ahora son “u$s 125.000 millones en la billetera para enfrentar una corrida el año que viene”. En fin.

Más allá de las declaraciones grandilocuentes, el equipo económico se muestra conservador y apuesta sus fichas a defender el resultado: estabilidad y desinflación. Aunque dicen que les sobran los dólares –“nos salen por las orejas”— la política monetaria contractiva es la contracara del faltante de pesos en la calle y crédito a tasas razonables para familias y empresas.

Cuando gobernadores del PRO o dirigentes de la LLA le consultan a Caputo sobre el parate en sectores clave para el consumo y el empleo, la respuesta es siempre la misma. Les dice que “aguanten”, que es lo que hay, que el plan no se va a modificar, y que en todo caso puede haber mejoras módicas en actividad, crédito y consumo en los próximos meses.

Aun así, está convencido de que con esta economía, Milei gana en primera vuelta. Y que, como corrió el arco el presidente, la recuperación fuerte sólo ocurrirá, una vez que se reconstituya la confianza, con la reelección en 2028.

Aunque no lo expuso durante su disertación en el Gabinete, en su breve y mediático paso por Buenos Aires, Alberto Ades abordó tres “temas tabú” para el plan Milei. Primero, “¿es demasiado restrictiva la política monetaria? Sin abandonar los objetivos de inflación, ¿hay margen para una calibración que alivie las condiciones financieras, facilite la inversión y permita que empresas potencialmente viables atraviesen la transición?”.

Segundo, “¿cómo movilizar el enorme ahorro privado en dólares?, los u$s 300.000 millones fuera del sistema”. Tercero, “¿ayudaría un tipo de cambio real más alto?... para aliviar la presión sobre sectores que enfrentan una mayor competencia externa, favorecer al turismo receptivo y a actividades como la construcción”.

Son las preguntas que vienen planteando muchos economistas, descalificados por el oficialismo de mandriles o intérpretes de “cantos de sirena”. “Son preguntas que merecen una discusión abierta y constructiva”, dice Ades. ¿Será momento para discutirlas o la oportunidad ya pasó? ¿Y ahora que presiona el riesgo país y la incertidumbre electoral, los riesgos superan a los eventuales beneficios?

Política
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